Opinión
La consolidación del venture capital o su mutación hacia el private equity
12/02/2026
El ecosistema del venture capital en España ha vivido una década de crecimiento. El auge de las startups tecnológicas, el aumento del capital disponible y el atractivo de las grandes historias de éxito han impulsado la creación de nuevos fondos y la llegada de inversores internacionales.
Sin embargo, desde 2024 el sector atraviesa una fase crítica marcada por tres retos fundamentales: la dificultad para ejecutar desinversiones, la falta de retornos para los Limited Partners (LPs) y la creciente complejidad para levantar nuevos fondos.
El venture capital lleva décadas tratando de hacerse un hueco dentro de la categoría de los activos alternativos de manera sólida y estable, más allá de constituir una opción marginal y de carácter oportunístico en las carteras de los grandes inversores (i.e. fondos de pensiones, fondos mutuos, aseguradoras).
Los retornos del top percentile puede que no sean suficientes
El venture capital se caracteriza por contar con un modelo de inversión en el cual una inversión de cada diez debe generar el retorno suficiente para compensar las perdidas de las restantes nueve inversiones y compensar la comisión de gestión y gastos del fondo durante un período de al menos diez años. Comparativamente con el resto de activos alternativos esta dispersión, también entendida como volatilidad o riesgo, es muy superior, limitando su capacidad de competencia en los portfolios de los grandes inversores.
Desde la perspectiva de cualquier inversor, la decisión puramente financiera de inversión debe incluir el nivel de riesgo asumido además de los retornos generados. Es aquí donde se genera un problema con el modelo de riesgo-retorno del venture capital en comparación con cualquier otro activo alternativo, ya que en raras ocasiones el retorno generado compensa el riesgo asumido.
Un sector demasiado dependiente de los bancos centrales
Todos los activos alternativos suelen verse afectados en mayor o menor medida por las políticas monetarias de los bancos centrales tanto por los tipos de interés como por mecanismos de liquidez.
Dado su modelo de generación de retornos, el venture capital requiere de mayores volúmenes de capital disponible que cualquier otro activo para alcanzar rentabilidades similares, lo cual aumenta significativamente su dependencia de las políticas monetarias expansivas.
Esta excesiva dependencia de los bancos centrales se ha podido comprobar recientemente viendo como el impacto que tuvo la subida de tipos de interés en 2022 y 2023 fue mucho más severo que el sufrido en otros activos como el private equity o private debt.
La inversión pública debe actuar como dinamizador y no como forma de subsidio permanente
Durante los últimos años el principal inversor en fondos de venture capital ha sido el sector público a través de fondos de la UE canalizados por diferentes organismos estatales.
Por desgracia, los resultados hasta la fecha no parecen validar esta estrategia de Bruselas, aumentando exponencialmente el cementerio de startups financiadas con fondos europeos y cuyos desarrollos tecnológicos no son reaprovechados y terminan en “nubes” olvidadas.
Por otro lado, este esfuerzo de inversión pública debiera generar un efecto de arrastre en la inversión privada que pudiera paulatinamente ir sustituyendo a estos fondos públicos. Igualmente este efecto parece tampoco darse, dejando al sector relegado a la dependencia del uso de nuestros impuestos en un contexto donde la infra financiación de múltiples sectores se pone de relieve cada mes (i.e. sanidad, educación, sistema eléctrico, infraestructura ferroviaria, cuidado de montes, defensa).
Un sector poco profesionalizado
Durante la última década se produjo un fuerte crecimiento en la inversión en startups al igual que en el nacimiento de nuevos gestores y fondos locales.
Desde el lado de los LPs se produjo un aumento importante de inversores privados (i.e. corporaciones, family office, personas físicas) empujados por unos bajos tipos interés, un sentimiento FOMO (fear of missing out), desconocimiento del sector, así
como falta de criterio y experiencia en la elección de gestores o General Partners (GPs).
Por el lado de los General Partners, proliferaron nuevos gestores sin experiencia en inversiones que se sumaron al hype del momento participando de la burbuja en valoraciones que posteriormente ha terminado por impedir muchas de las desinversiones que debieran empezar a realizarse desde 2022.
Cómo ya ocurrió a principios del año 2000, la mayoría de inversores se han vuelto a quedar atrapados en apuestas que no tenían una estrategia clara generándose otra vez desconfianza y miedo hacia una industria que no termina de demostrar su madurez.
El Venture Capital se encuentra ante una encrucijada para lograr consolidarse como un activo alternativo consistente y relevante en las carteras de los grandes inversores.
En los últimos años algunos de los principales gestores de España y US han avanzado hacia el lanzamiento de fondos más cercanos al private equity (i.e. a16z, Sequoia, Inveready, Seaya, Kibo). ¿Podría ser este el camino a seguir por el venture capital?